Cerré la puerta de mi casa, con las llaves en la mano y marché a la calle, mis lentos pasos cargados de desilusión y bochorno me conducieron al Viaducto de Segovia, con mi aura de tristeza crucé toda la calle Bailén y ante mi se postraba el gran Palacio Real teñido de la luz naranja del crepúsculo. Me senté sobre un banco cerré los ojos y respiré ondo disfrutando el frio aire que anunciaba la llegada del otroño, entonces una cristalina lagrima descenció sobre mi rostro y suspiré. ¿Seria este el final? Posé mis codos sobre las rodillas, me encojí apoyando las manos sobre mi cara. Y me quedé allí, solo, sin más compañia que mis remordimientos. A mi alivio sentí una mano amiga en el hombro, noté como bajaba hasta mi costado y me presionaba contra si. ''Estoy aquí contigo y te perdono'' dijo, su voz dulce y llena de cariño arropó mi lamento y lo llevó a algun lugar fuera de aquel atardecer.
Nadie deberia vivir engañado, nadie se merece sufrir las consecuencias de una mentira, ni por piadosa que sea esta, ojala me hubeira dado cuenta antes de empezar todo ésto, quizás si hubiera sido sincero conmigo y con las personas que amo, quizás ahora no me sentiria como el peor ser del planeta.
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